Es íncreible lo rápido que pasa el tiempo, eso es lo primero que se me viene a la cabeza si pienso en japón.
Mientras estábamos en el avión de vuelta ya hablamos de todo lo que íbamos a escribir, estábamos de acuerdo en que el blog no se acabaría con un resumen de nuestro último día, y por seguro que eso va a ser así.
Intento ordenar mis ideas antes de empezar a escribir todo lo que esos 16 días han significado. Para empezar, tengo que nombrar a las tres personas con las que fuí.
Willy, el que se dormía a cada oportunidad, Jose, el tato-maker y Moisex, la revelación culinaria del viaje. Cada uno de ellos han hecho que este viaje sea irrepetible. Japón me ha sorprendido, cada ciudad ha tenido algo único que nos ha enamorado, pero sin la compañía de estas tres personas el viaje hubiera sido completamente distinto, peor seguramente. Es difícil hablar de todo esto sin sonar un poco ñoño, pero después de leer el post que ha escrito Willy me he puesto tontorrón, os aguantáis.
Sobre Japón, generalizando, tengo que destacar su gente y su cultura, es difícil hacerse una idea sin haber estado allí, y aunque me esperaba encontrar algo como lo que vivimos, la amabilidad y la gentileza de todos los que nos cruzamos en el camino superó cualquier expectativa que pudiera tener.
Creo que escribiré por separado sobre cada ciudad que visitamos, sino este post sería eterno!
Para terminar, de todo el viaje me quedo con una foto en especial que para mí representa la felicidad máxima, en estado puro, que vivimos durante todo el viaje.
P.D: Por supuesto que ya estamos hablando de futuros viajes, febrero ya tiene uno programado, y el verano suena prometedor también, pero de eso escribiremos más adelante.
